Independientemente del género con el que nos identifiquemos y si tenemos hijos o no, ser madre se refiere a la energía femenina natural de "criar a un niño como madre ... en el espíritu protector, de crianza y de enseñanza". La mayoría de nosotros, que nos identificamos principalmente con nuestra energía femenina, hemos sido madres a lo largo de nuestras vidas a un gran costo para nosotros y, a menudo, sin reconocimiento por todo lo que hacemos.


Según el artículo del NY Times, “Existe una brecha de estrés entre hombres y mujeres. He aquí por qué es importante”, Kristin Wong explora diferentes factores que contribuyen al alto nivel de estrés y ansiedad que sufren las mujeres. Wong informa que las mujeres tienen el doble de probabilidades de sufrir estrés y ansiedad graves que los hombres. Los elementos discutidos incluyen: disparidad en los salarios por género, trabajo doméstico no valorado y no remunerado, y trabajo emocional, entre otros. Sin embargo, hay un denominador común que es la base de cualquier factor contribuyente: invisibles y profundamente arraigadas expectativas sociales. Ya sea que seamos conscientes de ello o no, nuestras formas de pensar y comportarnos están muy influenciadas por las expectativas culturales de los roles y de género, que han persistido durante milenios con pocos cambios.


Las expectativas sociales son infundidas en nosotros por quienes nos criaron a través de un sistema de aprobación y castigo. Existe una miríada de expectativas sociales inconscientes basadas principalmente en el género y que delimitan el comportamiento "apropiado" y las formas de relacionarse con la sociedad en general. Cuando estamos alineados con esos comportamientos deseados, se nos premia con un sentido de inclusión y tal vez elogios. Cuando nos desviamos de esos comportamientos deseados, somos castigados con el rechazo y la crítica. A la edad de cinco años hemos integrado inconscientemente las expectativas de comportamiento que nuestra familia tiene sobre nosotros. A medida que continuamos nuestro proceso de maduración participando en la sociedad en general siendo parte de la escuela y otras instituciones, también incorporamos y hacemos nuestras las expectativas de estos grupos sociales. En la edad adulta temprana, la mayoría de nosotros llegamos a creer que nuestra visión del mundo es "nuestra" en lugar de una integración de expectativas sociales.


Teniendo en cuenta las diferencias culturales como los valores occidentales frente a los orientales, o los países desarrollados frente a los no desarrollados, la verdad es que para la mayoría de las mujeres el amor se ha equiparado con sacrificio, sufrimiento y perseverancia en lugar de respeto, responsabilidad y equilibrio. Cuando integramos estos puntos de vista del amor, no tenemos más remedio que llevar nuestro rol de madre desde del espíritu de autosacrificio. Esta visión afectará no solo la forma en que cuidamos a los demás, sino también a nosotros mismos.


Convertirse en un adulto consiste en desarrollar la capacidad de ser padres de nosotros mismos, ya que ya no tenemos a nuestros padres para guiarnos o proporcionar la estructura para que funcionemos con éxito en el mundo. Debemos convertirnos en nuestro propio padre y madre para proporcionar estructura, nutrirnos y crear un entorno interno de apoyo en el que podamos florecer. Cuando nuestro entendimiento del amor es de autosacrificio, perseverancia y sufrimiento, nos llevamos a nosotros mismos para experimentar estas cualidades en la mayoría o en todas nuestras relaciones. No establecemos nuestras necesidades como una prioridad y no creamos límites saludables. Damos de más, trabajamos demasiado y nos agotamos en el proceso. Las expectativas de la supermujer que hemos integrado de la sociedad se han normalizado tanto que ni siquiera podemos ver lo poco saludables que se ven y los efectos en nuestra salud física, mental, emocional y espiritual.


Por ejemplo, siendo psicoterapeuta con años de estudios de posgrado, estaba ciega a estas creencias y expectativas en mi propia vida hasta que toqué fondo. Fue hace quince años cuando toqué el punto más bajo de mi vida. Tenía obesidad mórbida con 50 kilos por encima de mi peso recomendado. Había desarrollado hipertensión, hiperlipidemia e hiperglucemia. También sufría un dolor elevado y crónico ya que la presión constante del peso extra había desviado mis rótulas y me preparaba para la cirugía de las rodillas. Todos los días me sentía agotada y no experimentaba alegría en mi vida. La mayor parte del tiempo estaba irritable y me sentía víctima de circunstancias que estaban fuera de mi control.


Trabajaba como psicoterapeuta para una agencia de salud mental especializada en niños, adolescentes y familias y estas eran las expectativas de mi empleador: me pagaban 35 horas a la semana y tenía un promedio de 65-75 clientes. Además, la institución y los seguros médicos exigían gran volumen de papelería que requería al menos 2 horas diarias. La mayoría de los casos también necesitaban coordinación de servicios y / o conectar a mis clientes con servicios adicionales. Esto requería innumerables llamadas telefónicas, cartas y solicitudes todos los días. También necesitaba atender las crisis de los clientes, traducir documentos, interpretar durante las citas psiquiátricas, etc. Solo para cumplir con estas demandas, estaba trabajando entre 70 y 80 horas a la semana.


Añadiendo más estrés estaban las expectativas de mis clientes. La mayoría de los padres con los que trabajaba eran madres abrumadas por sus propias condiciones de vida que esperaban que yo, el profesional, cambiara los comportamientos de sus hijos o los "curara". Los niños esperaban que yo transformara a sus madres y otras condiciones en sus vidas. Otras instituciones como los tribunales legales, los seguros médicos que pagan por los servicios, y las escuelas esperaban que yo también produjera cambios milagrosos e instantáneos. La presión de todas estas expectativas era abrumadora y cada día me sentía como un hámster atrapado perpetuamente en una rueda de la que no podía salir.


Aparte del contexto laboral, en mis relaciones con familiares y amigos no tenía límites saludables y constantemente ayudaba a los demás y hacía compromisos con ellos que afectaban gravemente todos mis recursos como dinero, tiempo y energía. Mis necesidades más básicas no eran una prioridad. Sacrificaba mi tiempo y dinero, no haciendo tiempo para hacer ejercicio, comer comidas saludables, tener prácticas espirituales como la meditación y la recreación. Sin embargo, a pesar de todo lo que hacía por los demás, nunca era suficiente. Sus expectativas de mí continuaban creciendo.


Fue en este punto que mi médico enfatizó que, si no me cuidaba, mi cirugía de rodilla será la primera de muchas hospitalizaciones y cirugías. Esta fue una llamada de atención grave que me ayudó a liberar las expectativas que tanto yo como la sociedad me habían puesto. Tomé la decisión de ser madre de mí misma de una manera diferente a través del amor incondicional absoluto. En lugar de una cirugía de rodilla, me sometí a una cirugía bariátrica para ayudarme a perder los 50 kilos, esa era la manifestación física de lo que me estaba arrastrando cuesta abajo. Al mismo tiempo, emprendí mi proceso de transformación para resolver mi autosabotaje subconsciente y los bloqueos que me impedían cuidarme y amarme a mí misma. Como resultado, puse mis necesidades como una prioridad. Me comprometí a no perder la perspectiva sobre responsabilidad y me preguntaba constantemente: ¿de qué y de quién soy realmente responsable? Luego le devolví a los demás la responsabilidad y el privilegio de elegir, para liberarme de la frustración y el estrés.


Como resultado de esta transformación, concebí a Love Into Wholeness. En mi trabajo utilizo esta y todas las experiencias que he tenido para apoyar a otras mujeres en su propio proceso de transformación, cuidándose a sí mismas a través de procesos suaves y liberando las expectativas poco saludables que han integrado de la sociedad. No hay nada más satisfactorio y emocionante para mí que ver a las mujeres amándose a sí mismas realmente, incondicionalmente, poniendo sus necesidades como una prioridad y viviendo la vida que han soñado.


Ahora me gustaría hacerte una pregunta: ¿Cómo te estás cuidando a ti misma? Para una exploración gratuita sobre las situaciones de su vida actual, y cómo puedes obtener el apoyo que deseas para ser una buena madre apara ti misma a través del amor incondicional, y para que experimentes alegría, satisfacción y un profundo sentido de pertenencia en relaciones verdaderamente recíprocas, sigue este enlace y programa una consulta gratuita.


Kristin Wong (November 14, 2018) “There’s a Stress Gap between Men and Women. Here’s Why It’s Important”, New York Times.



Regardless of the gender we identify with and if we have children or not, mothering refers to the natural female energy of “bringing up a child as a mother … in the protecting, nurturing, teaching spirit”. Most of us, who identify primarily with our female energy have been mothering many throughout our lives to a great cost to us and often without recognition for all we do.


According to a NY Times article “There’s a Stress Gap between Men and Women. Here’s why it’s Important”, Kristin Wong explores different contributing factors to the high level of stress and anxiety suffered by women. Wong reports that women are twice as likely to suffer from severe stress and anxiety as men. The elements discussed include: disparity in salaries based in gender, unvalued and unpaid domestic work, emotional labor, and others.


However, at the base of any speculated contributing factors is one common denominator: deeply ingrained covert social expectations. Whether we are conscious of it or not, our ways of thinking and behaving are greatly influenced by cultural expectations of roles and gender, which have persisted through millennia with little change.


Social expectations are imbued in us by our primary caretakers through a system of emotional and behavioral reward and punishment. There is a myriad of unconscious social expectations based primarily on gender that demarcate the “appropriate” behavior and ways to relate to the larger society. When we are in alignment with those desired behaviors we are rewarded with a sense of inclusion and maybe praise. When we deviate from those expected behaviors, we are punished by being rejected and criticized. By the age of five, we have unconsciously integrated our family’s behavioral expectations of us. As we continue our maturation process entering the larger society by participating in school and other institutions we also incorporate and make ours the expectations of our social groups. In early adulthood, most of us came to believe that our views of the world are “ours” rather than an integration of social expectations.


Taking into consideration cultural differences such as western vs eastern values or developed vs undeveloped countries, truth is that for most women love has been equated with sacrifice, suffering and enduring rather than with respect, responsibility and balance. When we integrate these views of love, we have little choice but to mother within the spirit of self-sacrifice. This will affect not only how we mother others but how we mother ourselves.


Becoming an adult is about developing the capacities to parent ourselves as we no longer have our parents to guide us or provide the structure for us to function successfully in the world. We are to become our own father and mother to provide both structure and nurturing and create the supportive environment where we can flourish. When our understanding of love and our role as mothers is of self-sacrifice, enduring and suffering we mother ourselves to experience these qualities in most or all of our relationships. We don’t set our needs as a priority and don’t create healthy boundaries. We over give, overwork, overextend and deplete ourselves in the process. The superwoman expectations that we have integrated from society have been so normalized that we can’t even see how unhealthy they look and the effects on our physical, mental, emotional, and spiritual health.


For instance, being a psychotherapist with years of postgraduate studies I was blind to these pervasive beliefs and expectations in my own life until I hit rock bottom. It was fifteen years ago when I touched my lowest point in life. I was morbidly obese with 100 lbs. above my recommended weight. I had developed hypertension, hyperlipidemia, and hyperglycemia. I was also suffering daily excruciating pain as the constant pressure of the extra weight had deviated my kneecaps and preparing for knee surgery. Every day I felt depleted and experienced no joy in my life. Most of the time I was irritable and felt as a victim of circumstances that were out of my control.


I was working as a psychotherapist for a mental health agency specializing in children, adolescents and families and these were the expectations that my employer placed on me: I was paid for 35 hours a week while having a caseload of 65-75 clients. In addition, paperwork required by the institution and medical insurances demanded at least 2 hours per day. Most cases also required coordination of services and/or connecting our clients with additional services which required countless phone calls, letters and applications every day. I also needed to attend to client’s crises, translating documents, interpreting during psychiatric appointments, etc. Just to keep up with these demands I was working a 70–80-hour week.


Adding more stress were the expectations of my clients. Most of these parents were mothers overwhelmed by their own life conditions who expected me -the professional- to change their child’s behaviors or “to cure” them. The children expected me to transform their mother’s and other conditions in their lives. Other institutions such as legal courts, medical insurances paying for services, and schools expected me to produce miraculous and instantaneous changes as well. The pressure of all these expectations was overwhelming and each day I felt like a hamster perpetually trapped in a wheel I could not get out of.


Aside from the work context, in my relationships with family and friends, I had no healthy boundaries, and I was constantly assisting others and making commitments to them that severely affected all of my resources of money, time and energy. My most basic needs were not a priority. I sacrificed my time and money, not making time to exercise, eat healthy meals, have spiritual practices such as meditation and of recreation. Yet, despite all I did for others it was never enough. Their expectations of me continued growing.


It was at this point that my doctor stressed that if I did not take care of myself, my knee surgery will be the first of many hospitalizations and surgeries. This was a wake-up call that helped me to release the expectations that both myself and society had placed on me. I made the decision to mother myself in a different way through absolute unconditional love. Instead of knee surgery, I underwent bariatric surgery to help me lose the 100 lbs. that were the physical manifestation of what was dragging me down. At the same time, I undertook my transformational process to resolve my subconscious self-sabotage and the blocks that held me back from my self-care and self-love. As a result, I placed my needs as a priority. I made a commitment to not lose perspective of responsibility and I constantly asked myself: what and whom am I really responsible for? Then I gave back to others the responsibility and privilege of choice where it belongs, to free myself from frustration and stress.


As a result of this transformation, Love Into Wholeness was conceived. In my work I use this and all other previous experiences to support other women in their own transformational process, mothering themselves through soft processes and releasing the unhealthy expectations that they have integrated from society. There is nothing more satisfactory and exciting to me than seeing women loving themselves truly, unconditionally, placing their needs as a priority, and living the life they have dreamed.


Now I would like to ask you a question: How are you mothering yourself? For a free exploration about your current life situations and how you can get the support you desire to learn to mother yourself through real unconditional love, experience a deep sense of belonging in truly reciprocal relationships, joy and fulfillment follow this link and schedule a free consultation session.



Kristin Wong (November 14, 2018) “There’s a Stress Gap between Men and Women. Here’s Why It’s Important”, New York Times.




Abril de 2021 es el mes en el que se llevan a cabo las ceremonias y rituales de muerte y renacimiento en varias de las principales religiones en el mundo. La intención original de estas ceremonias era ayudarnos a facilitar el proceso de desintegración (muerte) de lo que hemos trascendido, para que podamos expandir nuestra conciencia y renacer. Renacer significa que hemos pasado por una profunda transformación en la forma en que nos percibimos a nosotros mismos y a la vida, y al morir nuestros viejos puntos de vista y errores de percepción podemos ver mucho más claramente la belleza en nosotros y en el mundo.


Las religiones puritanas se apartaron de esta intención original y se enfocaron en la condición del pecado proclamando que debía de ser castigado con el sufrimiento y la muerte. Estos conceptos se difundieron ampliamente en el proceso de sometimiento de las mujeres (que poseían un gran poder en sus tribus y eran reconocidas por su sabiduría), y también para justificar la colonización (esclavitud). A medida que más personas se alejan de estos puntos de vista puritanos, muchos han tirado al bebé con el agua sucia con la que se le bañó. Sin embargo, ¿cómo podemos seguir evolucionando si no permitimos la desintegración de lo que nos impide crecer?


En estos tiempos propicios de Acuario, estamos volviendo al Poder Femenino encarnado en la Naturaleza, y a nosotros que somos la misma Naturaleza. La naturaleza nos muestra que todo lo que está vivo tiene sus ciclos, nada permanece igual. Los ciclos tienen que ver con el crecimiento y la transformación. En la vida pasamos por etapas de evolución siguiendo siempre nuestra llamada innata a crecer. Durante la vida pasamos por muchos ciclos en su mayoría, inconscientes de que están pasando. Por ejemplo, pocos reconocen que cada día es un ciclo de muerte y resurrección al dormirnos y despertarnos. Cada semana, mes y año pasamos por ciclos que nos ayudan a volver a nuestra esencia auténtica y a ser todo lo que fuimos llamados a ser.


En este viaje en el cual estamos regresando a nuestro poder, podemos pedir ayuda a los poderosos guías sagrados, especialmente al espíritu de los Animales Guías, ya que ellos tienen los secretos de la naturaleza y sus ciclos. Un poderoso Animal Guía para ayudarnos a entrar conscientemente en el ciclo de muerte y resurrección es la Serpiente, quien nos enseña cómo cambiar de piel cuando nos ha quedado pequeña.


Las serpientes mudan su piel por tres motivos: porque ya no les queda, o porque está demasiado vieja y gastada, o para eliminar parásitos que podrían dañarla. Cuando la serpiente se prepara para mudar su piel, comienza a verse enferma, su color se vuelve azulado y sus ojos se vuelven opacos y nublados porque la piel nueva los cubre. No pueden ver bien durante este tiempo y para protegerse, a menudo encuentran un lugar para esconderse hasta que se completa el proceso. Las serpientes participan activamente en el proceso de muda frotándose contra una roca o un árbol para ayudar a liberar y mudar la piel vieja, abriendo paso para que su nueva piel sea descubierta.


El proceso de cambio de piel es incómodo para la serpiente, pero ella se somete al proceso ya que sabe que está evolucionando y creciendo. La vida nos pide que nos rindamos a nuestros propios ciclos de transformación que implican morir a patrones de pensamientos, sentimientos y acciones que se interponen en el camino de la vida que estamos llamados a vivir.

Como práctica en este mes, tan frecuentemente como te sea posible, tómate el tiempo para meditar llamando a la Serpiente para que sea tu guía en como rendirte al proceso para liberar y mudar tu piel vieja. En tu meditación puedes hacerle las siguientes preguntas a la serpiente:

  • ¿Qué nubla mi visión respecto a esta situación?

  • ¿Qué me está cegando a ver mis habilidades para cambiar?

  • ¿Qué molestias estoy evitando que bloquean mi crecimiento?

  • ¿Qué pasos puedo tomar para cambiar mi piel vieja y que surja una piel nueva?

  • ¿Qué necesito dejar ir para cambiar la piel vieja que me está oprimiendo?

  • ¿Cómo puedo activar el fuego del deseo para superar mis miedos y resistencia al cambio?

Escribe todo lo que se haga consciente e implementa nuevos rituales (estos son nuevos patrones que iras creando) para apoyar los cambios necesarios y completar su proceso de muerte y resurrección. Estaré encantada de escuchar tus experiencias con estas prácticas de meditación y ayudarte en este proceso. No dudes en ponerte en contacto conmigo escribiéndome.


Con amor,

Elizabeth Alanis